Bicipolo, fervor en dos ruedas

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La bicicleta da para todo, sin dudas. No solo es un medio de ejercicio y recreación, sino que sirve también para adaptar otras modalidades deportivas. Así como ocurre con el polo -tan común en prácticas sobre caballos- también existe una tendencia llamada bicipolo.

Como su nombre es explícito no hace falta dar muchos detalles sobre cómo se practica. Aunque para algunos resulte una disciplina nueva, resulta que no lo es. Los registros en historiales sobre el ciclismo indican que fue el ciclista irlandés Richard J. McCready el precursor de esta práctica a finales del siglo XIX.

El formato tradicional indica que debe jugarse en un campo de hierba de 100×60 metros con mazos de madera, un balón de 35 centímetros de diámetro y dos equipos, cada uno con cuatro jugadores y un portero. En la banca deben estar tres jugadores más.

Entre las reglas generales está el no poder apoyar el pie en el suelo. Si lo hace, no puede involucrarse en el juego hasta tocar uno de los dos puntos en la mitad de la cancha designados para tal fin. Hay gol cuando se anota a través de un hit, es decir, con un golpe del mazo en la bola hacia el lugar de anotación.

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Este deporte se extendió rápidamente por varios países como Reino Unido, Francia y Estados Unidos, entre otros lugares, donde han surgido asociaciones que agrupan a los jugadores.

Su expansión se vio afectada por las dos guerras mundiales de la primera mitad del siglo XX, pero para ya para esa época la Asociación de Bicipolo de Gran Bretaña de entonces contabilizaba más de 1.000 jugadores.

Tanto en Europa como en Estados Unidos hay grupos que mantienen este deporte vivo y también en América Latina existe esta tendencia, tal vez no de forma masiva pero sí entusiasta y leal entre sus fervientes jugadores.
Argentina, Colombia, México, Chile, Perú son algunos de los países en los que se encuentra testimonio de esta disciplina.